jueves, 7 de mayo de 2020

Parte: Principio de Credulidad


Principio de Credulidad

En su primera, y más conocida obra: “Una investigación sobre la mente humana en los principios de sentido común”, la cual fue publicada en 1764, Thomas Reid introduce esta hipótesis que conocemos por Principio de Credulidad.

En la sección 24 de la mencionada obra, titulada: “Sobre la analogía entre la percepción, y el crédito que le damos al testimonio humano”, Thomas Reid propone que confiar en un testimonio es tan natural como confiar en nuestros sentidos.

Thomas Reid elige comparar las ideas del testimonio con la percepciones de los sentidos, debido a que justamente una de las pocas afirmaciones en la cual David Hume y Thomas Reid coincidían era en que no hay ninguna evidencia concluyente que nos permita asegurar que nuestros sentidos perciben correctamente la realidad, y aun admitiendo esto, ambos filósofos consideraban que es correcto confiar en las percepciones de nuestros sentidos, no requiriendo que estas percepciones sean probablemente correctas.

Si bien ninguno de estos filósofos brinda una argumentación contundente sobre porqué es correcto confiar en nuestros sentidos, sin requerir que sus percepciones sean probablemente correctas, Thomas Reid y David Hume coinciden en que hay ciertos principios naturales que rigen la manera en la que pensamos y la que sentimos, los cuales nos hacen confiar en nuestros sentidos.

A partir de esa coincidencia entre ambos, Thomas Reid agrega que de la misma manera en que estos principios naturales nos hacen confiar en nuestros sentidos, estos mismos principios, u otros, nos hacen confiar en los testimonios.

En particular, al principio que nos hace confiar en los testimonios lo denominó Principio de Credulidad, y lo describió como “Una disposición a confiar en la veracidad de los demás, y a creer lo que nos dicen”.


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