viernes, 15 de mayo de 2020

Parte: “Sapere aude”


“Sapere aude”

Una forma de elaborar esta respuesta es partiendo del lema en latín, que previamente mencionamos Kant incluyó en su ensayo sobre “La Ilustración”. Este lema: “Sapere aude”, se traduce literalmente como “Ten coraje de ser sabio”, aunque una traducción algo menos literal sería “Ten coraje de conocer.

Ahora, si seguimos esta última traducción, vemos que Immanuel Kant sugiere que las personas que basan sus creencias en testimonios de otras personas, no cuentan realmente con conocimiento sobre lo que creen, y por eso su propuesta de “Tener coraje de conocer”. Con el lema: “Sapere aude”, Kant exige que basemos nuestras creencia en algo más que el testimonio de otras personas, porque es necesario esa búsqueda adicional para realmente tener conocimiento.

En este caso también es necesario ser cauteloso sobre cómo se entienden las afirmaciones. Cuando se sugiere que las personas que basan sus creencias en testimonios, no conocen lo que están creyendo, esta sugerencia refiere a escenarios donde la realidad descripta en el testimonio es suficientemente compleja y ajena a la cotidianidad de quién recibe el testimonio. Gracias a esta precisión, en el escenario en el cual un amigo en el que confiamos nos comenta que se está quedando en nuestra ciudad este fin de semana, podemos afirmar que conocemos que estará en nuestra ciudad, aun cuando esta creencia surge de un testimonio. La clave en este escenario es la confianza en este amigo, esa es la evidencia de la que habla Hume, la cual considera necesaria para creer un testimonio. Esta confianza es con la cual justificaremos que conocemos, y no simplemente creemos en, la realidad descripta por el testimonio.

Esta justificación es la misma de la cual hablamos en el tema: ¿Qué es el Conocimiento? Ya en la antigüedad, Platón afirmaba que era necesaria poder justificar la verdad de una creencia para hablar de conocimiento. Desde ese momento es aceptado que es necesario algo más que la creencia en sí para configurar conocimiento, además debemos ser capaces de explicar por qué la creencia es cierta, o al menos mostrar que es coherente con el resto de la realidad con la cual, lo que afirma la creencia, está conectada.

Kant nos propone que tengamos el coraje de buscar la justificación de las creencias que surgen del testimonio, ya que de esa búsqueda surge el conocimiento, surge de esa experiencia propia y no la de otras personas.

Un ejemplo que nos puede ayudar a visualizar la diferencia, entre creer en el relato de una realidad y conocer esa realidad, es comparar las creencias que puede generar, por un lado una persona que lee un artículo sobre el “Star Ferry” de Hong Kong, y ese es su único contacto con esa realidad, y por otro una persona que vivió décadas en Hong Kong y utilizó ese transporte diariamente todos esos años.

Es indudable que quién realmente conoce la realidad del “Star Ferry”, es quién usó el mismo durante varios años, dado que ese conocimiento surge de su propia experiencia. En cambio, quién leyó el artículo sobre el “Star Ferry”, apenas puede afirmar que generó ciertas creencias sobre ese medio de transporte. Luego, en el mejor de los casos, podrá este último defender en mayor o menor medida sus creencias en base a la confiabilidad del autor del artículo o del medio en que fue publicado el artículo, aunque de todas formas, siempre existirá una diferencia entre su creencia, más o menos confiable, con el conocimiento por experiencia propia de quién utilizó el “Star Ferry” diariamente.

Este ejemplo nos muestra que el conocimiento es posible, solo si no nos quedamos apenas con el testimonio de otras personas, sino que le agregamos experiencia y razonamiento. Lo cual equivale a decir que el valor de la Autonomía Intelectual, es que la misma es condición necesaria para alcanzar el conocimiento.


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