La Descripción clásica del conocimiento
Como vimos en el artículo previo, el conocimiento requiere de algo más que una creencia verdadera. Incluso, al final de ese artículo, presentamos dos intuiciones sobre cuál sería ese tercer componente básico del conocimiento, las cuales eran: la independencia al azar, y la justificación en base a habilidad cognitiva, pudiendo ambas intuiciones comprenderse como distintas visualizaciones de un mismo componente, el cual denominaremos justificación.
En definitiva, esta percepción del conocimiento, comprendido como compuesto de tres componentes básicos: la creencia, la verdad y la justificación, la cual se remonta a la antigüedad, existiendo incluso una versión de ella del mismo Platón, fue la percepción dominante sobre el conocimiento hasta hace muy poco tiempo, y es conocida como la Descripción clásica del conocimiento.
La descripción clásica del conocimiento es simplemente una versión formal de las conclusiones a las que arribamos previamente, y por lo tanto afirma que se llega a conocer que cierta proposición es verdadera si se cumplen las siguientes tres condiciones:
- La proposición es verdadera.
- Se cree que la proposición es verdadera.
- Tenemos una justificación para creer que la proposición es verdadera.
La diferencia, que ya habíamos planteado en el artículo previo, entre tener una creencia verdadera, y realmente conocer, radica, según la descripción clásica del conocimiento, en que quién conoce, es capaz de justificar su creencia, en el sentido de que puede mostrar buenas razones por las cuales tiene esa creencia.
Si volvemos al ejemplo planteado en el artículo anterior, en el cual en un juicio un integrante del jurado declaraba al acusado como culpable, basándose únicamente en su prejuicio, y otro integrante, también lo declaraba culpable, aunque luego de un estudio minucioso de la evidencia y como conclusión a lo que se desprendían de ellas, es claro que el primero no tiene una justificación válida para su creencia, en cambio el segundo si cuenta con una justificación sólida, y allí, en la ausencia o no de justificación, según la descripción clásica del conocimiento, está la diferencia entre acertar gracias al azar en la correctitud de una creencia, o realmente conocer que dicha creencia es correcta.
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