miércoles, 3 de julio de 2019

Parte: Cuestionamientos al Objetivismo


Cuestionamientos al Objetivismo

Comenzando la presentación de objeciones, presentaremos la correspondiente al Objetivismo. La principal objeción al Objetivismo es considerar los juicios morales y los juicios empíricos cómo elementos de la misma especie. En general, estos dos tipos de juicios, son vistos como elementos muy diferentes. La diferencia primordial radica en que para los juicios empíricos, ante una controversia, siempre existe una forma, sea esta más o menos complicada, que permita dirimir cuál de las opiniones es la correcta. Esta facilidad en cambio no aparece en los juicios morales, usualmente no surge una prueba clara de correctitud, y si una de las posturas cree tenerla, muy probablemente la opuesta encuentre alguna falla en esa prueba, que no determine con total seguridad la correctitud de una de las posturas.

Un juicio empírico puede ser tan simple como el que afirma “Hoy está soleado”. Si alguien proclama dicho juicio y otra persona afirma que el mismo no es correcto, basta que nos acerquemos a alguna ventana o algún lugar en el cual sea posible observar el cielo, e inmediatamente habremos resuelto quién tiene la razón sobre la correctitud de este juicio empírico. El juicio empírico generalmente contiene implícitamente el camino a su verificación. En este caso “Hoy está soleado” sugiere indudablemente mirar el cielo y verificar si está el Sol en él.

En cambio, en los juicios morales, el camino hacia la verificación de su correctitud, el mecanismo que nos otorgue una prueba contundente, no es algo que se haga visible naturalmente. Por el contrario, al intentar defender la correctitud de un juicio moral, nos veremos obligados a profundizar en su significado, y probablemente esa mirada ahora más profunda, nos genere más preguntas que certezas.

Si buscamos verificar la correctitud del juicio que afirma que “la poligamia es repudiable”, podríamos iniciar planteando que la poligamia genera una desigualdad de género, suponiendo el caso típico e que la misma es solo en un sentido, generalmente un hombre y múltiples mujeres, en ese caso la poligamia estaría dándole una inadecuada jerarquía al hombre sobre la mujer.

Aunque tan solo al iniciar ese camino, nos surge preguntarnos si es la poligamia en si la que genera esa jerarquía, o si la principal responsabilidad en la generación de ese problema está en el conjunto de tradiciones existentes en las culturas en la cual la poligamia es aceptada. Podemos preguntarnos también si esa misma inadecuada jerarquía no aparece también en el mismo grado en culturas en la cual la poligamia es repudiable, demostrando que la misma no es la causa de esa jerarquía.

Así como esas preguntas, tan solo inspiradas por el primer cuestionamiento sobre si la poligamia genera una jerarquía de género, es claro que pueden surgir otras. Podemos tomar también el camino de cuestionar si es correcto limitar el amor, o al menos la convivencia, a una estructura particular, indagar si realmente una de las opciones, la monogamia en este caso, es correcta, y la otra, la poligamia, no lo es, o si por el contrario son simplemente opciones tan válidas una como la otra.

Tal como adelantamos en forma general, en este juicio vemos como la búsqueda de una verificación de un juicio moral tiende a generar más preguntas sobre el mismo, en vez de acercarnos a la certidumbre sobre su correctitud.

Como hemos mostrado, la objeción planteada al Objetivismo sobre su dificultad de encontrar, para la calificación de un juicio moral, una justificación empírica tal como se procede en los juicios empíricos, es una justificación válida y parece bastante acertada. Sin embargo, quienes defienden el Objetivismo pueden alegar que usando alguna máxima o axioma moral, tal como puede ser “un juicio moral es correcto si maximiza la felicidad general”, es posible decidir empíricamente y de manera inequívoca la correctitud de cualquier juicio moral. Si bien es cierto también, que uno podría cuestionar si la máxima elegida es correcta, e incluso si es la única o al menos la mejor posible para definir la correctitud de un juicio moral, en el caso que asuma que así, es claro que su utilización le brinda a la evaluación de cualquier juicio moral un mecanismo certero para dirimir su correctitud.

Podemos, para visualizar como funciona este mecanismo propuesto como defensa del Objetivismo, volver a trabajar en el juicio moral “la poligamia es repudiable”. Previamente, habíamos observado como al evaluar su correctitud, surgían numerosas preguntas y nada hacía pensar que responderlas nos acercaría a una definición. En cambio, utilizando este mecanismo que se apoya en la máxima “un juicio moral es correcto si maximiza la felicidad general”, bastaría hacer un estudio sobre un conjunto estadísticamente adecuado de personas que practiquen la poligamia o que la rechacen, y de alguna manera evaluar que tan felices son quienes la practican y quienes la rechazan. Luego, según el grupo en el cual sus integrantes cuentan con mayor felicidad, se dirimirá la correctitud del juicio moral.

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