miércoles, 3 de julio de 2019

Parte: Cuestionamientos al Emotivismo


Cuestionamientos al Emotivismo

Finalmente veremos que objeciones surgen al modo de pensar que se rige por las ideas del Emotivismo. Una importante objeción al Emotivismo es que su enfoque no admite que la evaluación de un juicio moral pueda ser el resultado de un proceso de razonamiento. El Emotivismo, al considerar los juicios morales como expresiones de los sentimientos, funciona correctamente al elegir una postura sobre un tema de manera rápida y superficial. Recordemos que esta corriente de pensamiento es a veces denominada “hurrah/boo”, pues juicios morales como “la caridad es una actitud noble” o “la poligamia es repudiable”, deben ser entendidos como “hurrah para la caridad” y “boo para la poligamia”. En cambio no maneja bien las elecciones definidas en base a argumentos, o los cambios de postura como consecuencia de incorporar nueva información.

Un ejemplo interesante para visualizar este cuestionamiento al Emotivismo es como consideramos moralmente a Edipo, el mitológico Rey de Tebas que se casó con su propia madre Yocasta y tuvo cuatro hijos con ella, cuando agregamos la información de que en ese momento, ni Edipo ni Yocasta, conocían su parentesco.

Seguramente al tomar contacto con esta historia, nos surjan juicios morales como “Edipo actuó mal”, “Yocasta actuó mal”, los cuales son casos concretos de juicios morales más abstractos tales como “El casamiento entre madre e hijo es aborrecible” o “el incesto es repudiable”.

Ahora, al momento de conocerse, cuando contrajeron matrimonio y durante el tiempo que concibieron sus cuatro hijos, ninguno de los dos conocían ni sospechaban su relación de sangre. Edipo veía a Yocasta como una mujer que tenía algunos años más que él, y Yocasta veía a Edipo como un hombre joven. Considerando que carecían de la información sobre su parentesco, parece imposible juzgarlos o atribuirles culpa alguna. Sin la información de que Edipo era hijo de Yocasta, la cual es conocida por quién lee la historia, y no por sus protagonistas, el matrimonio entre Edipo y Yocasta es simplemente un matrimonio entre un hombre y una mujer, y de esta manera podemos afirmar que los juicios morales “Edipo actuó mal” y “Yocasta actuó mal” son incorrectos.

En esta situación vemos cómo podemos, a través de la inclusión de información y razonando en base a ella, pasar de tener una postura con respecto a determinado juicio moral a considerar que la correcta es la opuesta. El cambio de postura u opinión con respecto a un juicio moral, parece adecuado e incluso honesto hacerlo en base a evidencia y razonamiento. En cambio el Emotivismo nos cercena esta posibilidad al considerar a los juicios morales como expresiones de los sentimientos, dado que con esa percepción un cambio de postura simplemente refleja un cambio en nuestros sentimientos, los cuales no necesariamente son influidos por evidencia alguna.

El gran problema con la visión del Emotivismo radica en que según su visión, sería válido en un momento afirmar que es correcto el juicio moral “Edipo actuó mal”, más tarde afirmar que es incorrecto, luego volver a considerar que el mismo es correcto y fluctuar así tantas veces como se quiera, de la misma manera que es válido afirmar “Siento frío”, luego considerarla incorrecta esa afirmación pues dejé de sentir frío, para luego volver a tener frío y nuevamente evaluar la afirmación como correcta y así continuar indefinidamente. Por el contrario, el cambio de opinión con respecto al juicio moral “Edipo actuó mal” tiene una justificación racional, la cual es que Edipo no sabía que Yocasta era su madre, y por lo tanto parece algo distinto a un cambio en los sentimientos lo que provoca el cambio.

El cuestionamiento presentado como vemos es válido, no parece ser correcto que cambie nuestra percepción sobre un juicio moral de manera similar a la que cambia nuestro humor o estado de ánimo. Ante eso, un defensor del Emotivismo puede alegar que estos sentimientos, que según esta corriente expresamos al construir juicios morales, deberían ser entendidos más en el sentido de preferencias, y allí en el ámbito de las preferencias, la razón tiene sentido que influya.

En el ámbito estricto de los sentimientos, la razón no actúa. Si siento frío, no puedo convencerme de que dado que la temperatura es alta no debo tener frío, y de esta manera no sentir frío. Por más razones que me pueda dar, seguiré sintiendo frío. Algo similar sucede con las emociones. Puedo sentir miedo, sentir rabia, o también alegría, y no solo no tener razones para experimentar alguna de estas emociones, sino también encontrar motivos claros para experimentar la emoción opuesta, que voy a experimentar esa emoción y no otra. Esto es, puedo estar perfectamente consciente que estoy en un lugar en extremo seguro y sentir miedo.

En cambio en el ámbito de las preferencias, la razón si incide. Uno puede razonar sobre lo que prefiere. Es posible encontrar inconsistencias entre las propias preferencias. Si uno prefiere un objeto x a otro y, también prefiere el objeto y al z, si además sintiese una preferencia del objeto z al x, detectaría que algo está errado en su sistema de preferencias, y lo correcto sería cambiar algo en ellas. De la misma manera, cualquier nueva información que aparezca, es factible que modifique su sistema de preferencia, y dicha información junto a algún razonamiento que la implique será la justificación de dicho cambio de preferencias.

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