viernes, 27 de diciembre de 2019

Parte: Visualizando el problema de la Obligación política


Tema: 4 - ¿Tenemos obligación de obedecer la ley?
Artículo: 4.1 - El problema de la Obligación política
Parte: 4.1.4 - Visualizando el problema de la Obligación política

Visualizando el problema de la Obligación política

Supongamos que estamos conduciendo por una ruta completamente recta sobre un desierto plano. Conducimos a una velocidad baja, y contamos además, gracias a las características de la ruta y el paisaje, una excelente visión a kilómetros a la redonda, en la cual no hay ningún otro vehículo, animales o personas. En esas circunstancias, igualmente aparece, en un tramo de la ruta, un cartel de “Pare”.

Indudablemente la presencia del cartel de “Pare” nos comunica nuestra obligación legal a detener nuestro vehículo. Una situación así es probable que nos cuestione si debemos obedecer o no la ley, o al menos, si en este caso debemos obedecer y parar el vehículo, tan solo porque la ley lo establece.

En una situación como la descripta, no aparece ningún elemento que justifique racionalmente obedecer la ley. Por un lado no hay razones morales en este caso para obedecer la ley, al menos que consideremos que estamos ofendiendo al cartel de “Pare” por no respetar su aviso. Luego, tampoco ponemos en peligro nuestra vida o integridad física, tampoco la de posibles acompañantes en nuestro vehículo, y mucho menos la de terceros, pues el escenario es configurado de forma que estamos seguros que no aparecen ni a una gran distancia de nuestro vehículo. Por último, tampoco existe forma de que seamos penalizados por no detenernos en ese cartel de “Pare”, pues convenimos que no había nadie en un gran radio alrededor de nuestro vehículo, por lo que excluyendo la posibilidad de que existiese una malintencionada cámara en ese lugar perdido del desierto para fiscalizar la obediencia con ese cartel, tampoco habrá ningún testigo que denuncie nuestra violación de la ley.

Imaginemos que aun sabiendo y tomando en consideración que en este caso no existe ningún elemento que justifique racionalmente obedecer la ley, decidimos de todas maneras detener nuestro auto. En el caso de que viajemos con alguien, es muy probable que nos pregunte porque nos detuvimos, en ese caso nuestra respuesta sería del estilo: “La ley exige que pare, y yo debo obedecer la ley”. Este comportamiento, el de obedecer la ley, aun cuando no hay ningún elemento que justifique racionalmente hacerlo, es propio de quién contesta afirmativamente la pregunta: ¿Tenemos obligación de obedecer la ley?

Ahora, volviendo al escenario que estamos desarrollando, luego de nuestra dogmática respuesta alegando nuestra obediencia a la ley, quién acompaña nuestro viaje probablemente realice la antes mencionada pregunta: ¿Por qué tenemos obligación de obedecer la ley?, cuya respuesta es justamente la solución al problema de la obligación política, o sea, encontrar los motivos de la obligación política.

Finalmente, también consideramos adecuado señalar un matiz sobre la obligación de obedecer la ley. Es posible, aun si consideramos que es nuestra obligación obedecer la ley, admitir que en determinadas situaciones, es más apropiado no obedecerla. Esto se entiende como que el individuo tiene un sentimiento favorable a la obligación de obedecer la ley, lo cual hace que se comporte de acuerdo al mismo, sin embargo, aún funcionando generalmente de esa manera, la existencia de situaciones, generalmente extremas, como cuando una vida está en juego, considere que su obligación a obedecer la ley tiene menor valor a otras obligaciones, como salvar una vida.

Partes:

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