Tema: 4 - ¿Tenemos obligación de obedecer la ley?
Artículo: 4.1 - El problema de la Obligación política
Parte: 4.1.2 - ¿Obedecer la ley o cumplir la ley?
¿Obedecer la ley o cumplir la ley?
En una primer mirada, puede parecer que ambas acciones mencionadas en el título refieren a la misma actividad, sin embargo hay una sutil diferencia entre ambas, la cual resulta importante para entender el problema de la obligación política.
Supongamos que sea el caso que la ley determina que el ciudadano deba pagar ciertos impuestos. Al momento de pagarlos, tan solo con la acción misma, el ciudadano está cumpliendo la ley, aunque no necesariamente está obedeciendo la ley. Si fuese el caso que está pagando los impuestos solamente para evitar ser castigado, en ese caso directamente no estaría obedeciendo la ley. Entonces podemos definir que cumplir la ley es simplemente actuar en concordancia con ella, en cambio obedecer la ley es, además de actuar en concordancia con ella, hacerlo porque la ley lo dice.
Esta sutil diferencia entre cumplir la ley y obedecer la ley resulta importante cuando evaluamos el problema de estar obligado a cualquiera de los dos casos.
Estar obligado a cumplir la ley resulta algo bastante fácil de aceptar. Podemos decir que estamos obligados a cumplir la ley, simplemente porque es más conveniente hacerlo que recibir el castigo por no hacerlo. Una razón puede ser que sea más económico cumplir la ley que no cumplirla, en el caso que la sanción sea más pesada que el impuesto en sí. Otra también que no cumplirla directamente nos priva la libertad. Incluso, una razón más altruista podría ser que somos conscientes que cumplir la ley facilita una mejor convivencia, ya sea porque los impuestos se utilizan en el funcionamiento de ciertos servicios que brinda el estado, o porque la conducta legal generalmente, si las leyes son mínimamente coherentes, asegura una convivencia mínimamente satisfactoria.
En cambio, estar obligado a obedecer la ley, ya no parece algo tan fácil de aceptar, dado que requiere una actitud totalmente sumisa ante la ley, lo cual ya genera numerosas veces cierto rechazo. Sentir que estamos obligados a obedecer la ley parece algo más de autómatas que de seres humanos. Al ser las leyes elaboradas por seres humanos, con las mismas capacidades que quienes deben cumplirlas, el considerar a todas las leyes correctas o adecuadas no es algo que surja naturalmente en cada ciudadano. Por este motivo es común que uno cumpla determinadas leyes, simplemente por evitar el castigo de no hacerlo, o por mantener cierta imagen hacia el resto de los ciudadanos, y no precisamente por obediencia a estas. Además, esta obediencia, parece algo interno de cada ciudadano, en el sentido que quién observa a un ciudadano no tiene como saber si está cumpliendo la ley o la está obedeciendo, dado que la diferencia reside en porqué este ciudadano está actuando acorde a la ley, lo cual a menos que lo exprese no lo sabemos, y aún si nos cuenta el porqué, siempre existe la posibilidad que no esté siendo sincero.
Esta diferencia entre estar obligado a cumplir la ley y estar obligado a obedecerla se hace aún más evidente cuando se evalúa en lo que podemos llamar “Estado problemático”, cuyo ejemplo usual es la Alemania Nazi, aunque existen, con mayor o menor similitud, ejemplos de estos estados actualmente y en cada momento de la historia de nuestro planeta. En estos “Estados problemáticos”, los métodos de coerción para obligar a cumplir la ley son generalmente significativamente más agresivos que los usuales, y a su vez, sus leyes al menos bastante más cuestionables, lo cual incrementa notoriamente la cantidad de ciudadanos que cumplen la ley, en detrimento de quienes la obedecen.
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