Tema: 1 - ¿Qué es la Filosofía?
Artículo: 1.3 - ¿Cómo se hace filosofía?
Parte: 1.3.1 - ¿Voy o no al cine?
¿Voy o no al cine?
Si bien preguntas como esta son resueltas generalmente de forma poco consciente, en el sentido de llegar a la conclusión más desde el lado de un sentimiento, en vez de una construcción racional, esta vez utilizaremos el camino racional, simplemente para identificar qué mecanismos aparecen en la toma de decisiones, y de alguna manera nombrarlos y formalizarlos, de modo que apliquen a nivel general, y poder utilizar dichos mecanismos en preguntas más interesantes.
El primer paso general que surge al enfrentarse a una toma decisión es buscar evidencia, esto es, hechos que favorezcan una de las opciones con respecto a las otras. En este caso, podría encontrar evidencia del estilo: La película que exhibirán es del género que me agrada, dicha película ya la he visto, tengo suficiente dinero para comprar la entrada al cine. Incluso podría considerar evidencia en principio menos relevante como: En el cine ofrecen unos caramelos muy ricos, tengo muchas ganas de comer esos caramelos.
El segundo paso es observar que parte de la evidencia es determinante para elegir una de las opciones en disputa. Dentro de las evidencias propuestas, que la película sea del género que me agrada, sería una razón para ir al cine, aunque puedo preguntarme si tan solo eso es suficiente para querer verla, o incluso si hoy en particular estoy de ánimo de ver ese género de películas. Por otro lado que ya haya visto la película, en general sería una razón para no verla nuevamente, aunque me puedo preguntar en el caso que sea una muy buena película, si quiero verla otra vez. También, el tener suficiente dinero para la entrada, sería una razón para ir al cine, aunque es posible también que prefiera ahorrarlo o gastarlo de otra manera. Incluso las últimas evidencias, los ricos caramelos, y las ganas de probarlos, pueden ser cuestionados con preguntas sobre si realmente serán tan ricos o si debo tener en consideración dicho antojo para entrar al cine. En definitiva, estudio las evidencias, evaluando tanto el grado de certeza de cada una de ellas, como su relevancia para tomar la decisión.
El tercer y último paso es la decisión en sí misma, es elegir cierta evidencia y construir un argumento que llegue a cierta conclusión. De toda la evidencia considerada, selecciono únicamente la que fue determinante para alcanzar la conclusión a la cual llegué, y utilizo esa evidencia para expresar un argumento que señale como alcancé dicha conclusión. En el ejemplo en el que estamos trabajando, sería perfectamente una opción, ejecutar este paso, eligiendo una manera muy cuestionable de forma intencional, decidiendo ir al cine debido a que en el cine ofrecen unos caramelos muy ricos y tengo muchas ganas de comer esos caramelos.
La expresión del argumento utilizado en el tercer paso podría expresarse el siguiente formato:
- En el cine ofrecen unos caramelos muy ricos.
- Tengo muchas ganas de comer esos caramelos.
- Entonces, debo ir al cine.
Un argumento es simplemente un conjunto de evidencia y un razonamiento designado para alcanzar cierta conclusión.
Agregando terminología, el argumento formulado para este ejemplo cuenta con dos premisas, las cuales aparecen luego de los numerales 1 y 2, y una conclusión, que aparece luego del numeral 3.
Previamente comentamos que habíamos elegido un argumento muy cuestionable de forma intencional. Justamente, al elegir un argumento tan absurdo como este, nos sentimos forzados a cuestionar dicho argumento, y una parte esencial de hacer filosofía es cuestionar si determinado argumento hace un buen trabajo al fundamentar cierta conclusión. Por este motivo es interesante conocer ciertos mecanismos básicos con los cuales los argumentos pueden ser cuestionados.
El primer mecanismo de cuestionamiento de un argumento es evaluar si sus conclusiones son consecuencias inequívocas las premisas, o dicho de una manera más precisa, si suponemos que las premisas son verdaderas, entonces la conclusión debe ser verdadera.
Nuevamente, con el objetivo de agregar terminología, si las conclusiones son consecuencias inequívocas de las premisas es un argumento válido, de lo contrario es un argumento inválido.
Utilizando esta definición, podemos afirmar fácilmente que el argumento que elegimos para este ejemplo, tal como intuimos, es inválido. Esto es, pueden cumplirse las premisas 1 y 2, o sea en el cine realmente ofrecen unos caramelos muy ricos y también tengo en ese momento muchas ganas de comer esos caramelos, y de todas formas, por infinitas razones, puedo decidir no ir al cine. Puede que existan otros lugares que ofrezcan esos caramelos, puede que también me guste algo aún más que esos caramelos, puede que la película que exhiban sea muy mala, puede incluso que no tenga dinero para pagar la entrada del cine. Con que al menos una de esas posibilidades sea cierta, el argumento es inválido.
Es interesante ver que aún en un argumento tan débil, y que en cierto sentido puede verse también como absurdo, como el utilizado para este ejemplo, el método de cuestionamiento funciona muy bien. Funciona, no solo para caracterizar dicho argumento como inválido, sino como inspiración a encontrar las fallas del mismo, y poder utilizar dicha información para, si fuera deseado, mejorarlo.
De esta forma, manteniendo la absurda idea de ir al cine a comer caramelos, simplemente atendiendo a las fallas identificadas puedo expresar un argumento bastante más fuerte, y que incluso, sin dedicarle un estudio profundo en encontrar posibles fallas, pues claramente no lo amerita, podemos afirmar que es válido. Esta reescritura del argumento sería la siguiente:
- Únicamente en ese cine ofrecen un tipo de caramelos muy rico.
- La máxima prioridad que tengo en este momento es comer esos caramelos.
- Tengo dinero suficiente para pagar la entrada al cine.
- Entonces, debo ir al cine.
Es claro que esta reescritura del argumento, aun manteniendo su idea básica, es mucho más precisa y contundente que la anterior. Esta reescritura, no solo elimina las fallas identificadas en la versión previa, sino que dificulta bastante la tarea de encontrar nuevas fallas. De esta forma, vemos que a veces basta apenas una reescritura de las premisas y el agregado de algunas adicionales para convertir un argumento inválido en uno válido.
Dejando atrás esta reescritura del argumento estudiado inspirado por el primer mecanismo de cuestionamiento de argumentos, pasemos al siguiente. El segundo mecanismo de cuestionamiento de un argumento es evaluar si sus premisas son ciertas, de esta manera, si alguna de estas premisas no es cierta, dado que la conclusión se deduce de la totalidad de las mismas, la conclusión tampoco es cierta.
En base a este mecanismo, introduciremos nueva terminología, y en el caso de que un argumento sea válido y además todas sus premisas son ciertas, consideraremos que dicho argumento es sólido, siendo el término “sólido”, el que consideramos más adecuado en idioma español, para traducir el adjetivo en idioma inglés "sound” aplicado en este contexto.
En resumen, gracias a los mecanismos de cuestionamiento de argumentos presentados, y a la terminología introducida podemos clasificar los argumentos en:
- Argumento válido: Cuando sus conclusiones son consecuencias inequívocas de sus premisas.
- Argumento sólido: Cuando además de ser un argumento válido, todas sus premisas son ciertas.
- Argumento no sólido: Cuando es un argumento válido, y al menos una de sus premisas no es cierta.
- Argumento inválido: Cuando aun siendo ciertas todas sus premisas, al menos una de sus conclusiones no es cierta.
Partes:
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