Tema: 1 - ¿Qué es la Filosofía?
Artículo: 1.3 - ¿Cómo se hace filosofía?
Parte: 1.3.2 - ¿Tenemos libre albedrío?
¿Tenemos libre albedrío?
Si bien la percepción inicial que tenemos al enfrentarnos a esta pregunta, es que somos libres en cada momento de hacer lo que queramos, o sea que existe el libre albedrío, justificar que realmente existe, y que no es una simple percepción, no es nada fácil.
No solo justificarlo no es fácil, sino que también existen teorías filosóficas que directamente niegan el libre albedrío mediante distintos argumentos. Uno de estos argumentos es el siguiente:
- La forma en que era el mundo en el pasado controla la forma en que es en el presente y la forma en que será en el futuro.
- Nosotros somos parte de ese mundo, tal como cualquier otra cosa.
- No podemos controlar como fueron las cosas en el pasado, ni como el pasado controla el presente y el futuro.
- Entonces, no podemos controlar nada de lo que pasa en el mundo, incluyendo las cosas que pensamos, decimos o hacemos.
Sin duda, aun sintiéndose más afín con una postura u otra, es innegable que el argumento es al menos interesante. Uno puede estar más o menos de acuerdo con alguna de sus premisas, o con que la conclusión sea consecuencia de esas premisas, aunque es bastante claro que este argumento no genera esa sensación de absurdo que generaba el argumento del ejemplo anterior.
Justamente, la presentación de los argumentos en este formato de premisas y conclusiones, junto a los mecanismos de cuestionamiento de estos argumentos y la terminología presentada para categorizarlos facilitan enormemente la discusión coherente y nutritiva de temas complejos, al brindar un terreno neutro y racional en el cual plantear percepciones, que aun siendo contradictorias, ambas están plantadas en ciertas bases y están justificadas por cierto razonamiento.
Volviendo al argumento presentado, tal como vimos, la forma de evaluarlo es utilizar los dos mecanismos presentados previamente. Esto es, cuestionar que la conclusión es consecuencia de las premisas, o cuestionar directamente la certeza de las premisas. Empecemos justamente por cuestionar las premisas.
La primer premisa parece demasiado contundente, la visión de que absolutamente todo es consecuencia de algo previo, como si el mundo fuese un inmenso artilugio de relojería, parece una visión al menos algo simplista, a la cual además le podemos contraponer evidencia proveniente de experimentos propios de la física cuántica, donde parece claro que en el universo hay cierta cuota de incertidumbre o indeterminación.
Con la segunda pasa algo similar, la intención de esta premisa en considerar a los humanos, seres a los cuales le podemos atribuir consciencia, también incluso algo que usualmente llamamos alma o espíritu, como algo idéntico al resto de las cosas, parece bastante forzado. Enfocándonos incluso en lo concerniente a este tema, parece difícil visualizar que tiene el mismo libre albedrío un humano que una piedra.
La tercera premisa quizás es más complicada de cuestionar, su primera parte probablemente sea imposible, a menos que consideremos la posibilidad de viajar en el tiempo, incluso abriendo esa posibilidad es cuestionable poder cambiar el pasado. En cambio la segunda parte, la que refiere a controlar como el pasado controla el presente y el futuro, no parece tan irrefutable. Podemos, considerar en el humano la capacidad de tomar los acontecimientos del pasado y modificar las consecuencias que dichos acontecimientos provocan en el futuro. Un ejemplo de esta capacidad puede observarse en el avance de la medicina, en el sentido que el acontecimiento pasado de contagiarse de cierto virus, gracias a la acción humana, pasó de ser fatal y a dejar de serlo.
Finalmente, podemos cuestionar también si la conclusión es consecuencia directa de las premisas, pues si bien en primera instancia parece una conclusión coherente, es posible, a modo de ejemplo, poner en duda si el concepto de “control” utilizado en el número 1 es el mismo concepto al cual se refiere la conclusión, dado que el primero parece asemejarse a un concepto de “consecuencia”, y el segundo se asemeja más al de “decisión”.
De esta manera hemos visto algunas posibilidades de cuestionar cada una de las premisas del argumento, como también la posibilidad de cuestionar que la conclusión sea consecuencia de estas premisas. Ahora, si observamos cada uno de estos cuestionamientos, podemos ver que de todos ellos principalmente surgen nuevas preguntas. Ninguno de los cuestionamientos presentados es terminante, en cambio, todos se limitan a plantear elementos que ponen en duda las premisas o que la conclusión del argumento es consecuencia de ellas.
El cuestionamiento de la primera premisa nos plantea la pregunta sobre si el universo es mecanicista y determinista, o por el contrario existe la incertidumbre y la indeterminación en él.
El cuestionamiento de la segunda plantea la duda entre un universo compuesto por entidades con características similares, o la presencia de entidades especiales con características excepcionales, además de plantear la necesidad de generar definiciones aceptables para dichas características especiales, ya sea la consciencia, el alma, el espíritu, y probablemente algunas más.
La tercera premisa sugiere preguntarse sobre la naturaleza del tiempo. También pone en duda si es algo constante el pasado o por el contrario modificable, e incluso si nosotros en el instante presente somos capaces de influir en el futuro o no.
Finalmente, cuestionar la conclusión, nos exige definir con más precisión que entendemos por “control”.
Un buen trabajo filosófico requiere precisamente de la construcción adecuada de esa secuencia ramificada de argumentos.
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